Sin título I
Sin título I
De repente Julia despertó. Le faltaba el aire, no podía respirar… o mejor dicho no le permitían el aire. Daba bocanadas con la boca completamente abierta pero el aire no llegaba a sus pulmones, no comprendía por qué y comenzó a aferrarse a la sábana que le cubría tratando de encontrar el extremo y poder sacar la cabeza… Notaba cada vez más lejano aquello, el cuerpo más ligero, se mareaba… Sus manos se resbalaban y no conseguía aferrarse a nada, estaba empapada en sudor y la desesperación se apoderaba de ella. Comenzó a abrirse paso a través de las sábanas, en la oscuridad, rasgándola y destrozándola desesperadamente para poder salir y dar un suspiro, el último que le permitiera seguir viviendo, todos los sonidos se le agolpaban en la cabeza, ya no sentía nada, y cuando estaba a punto de desfallecer… sus dedos notaron un leve brisa ¡había conseguido atravesar la sábana! Aferro el hueco con las dos manos y dejándose la vida en ello desgarró lo suficiente como para sacar la cabeza y dar esa bocanada que le permitió aferrarse a ese hilo que le quedaba de vida.
Julia tosió, y lloró, como lo haría un bebé recién nacido iniciando su vida. Todo estaba oscuro en su dormitorio y solo escuchaba en su cabeza los latidos de su corazón, como si fuera a explotarle. Empezó a respirar cada vez más tranquilamente e intentó serenarse… Pero su cuerpo no la dejó, la avisó… ¡El bebé!¡Su bebé! Esa falta de aire momentáneo podía haber afectado al feto… ¡A su bebé!
Con violencia y fuerzas renovadas, terminó de rasgar lo que le quedaba de la sábana y la atravesó. Empezó a tantear a su lado con las dos manos, buscando…
- ¡Richard! ¡Richard! ¿Dónde estás? ¡Despierta!
Julia era incapaz de tocar nada en esa oscuridad, así que comenzó a buscar en la pared el interruptor de la luz. Estaba fría y muy húmeda, Julia aún tenía las manos empapadas en sudor. Lo accionó… Una luz blanquecina parpadeó, débil, como una estrella en el cielo de la noche.
El corazón de Julia comenzó a acelerarse cada vez más, los ojos se le abrieron y parecían que se le iban a salir de las órbitas. La cara se le transformó en una mueca muda de terror ya que no era capaz de articular sonido alguno, y aferró las manos a la bolsa de plástico… Si. Lo que Julia vio no era su confortable dormitorio, con alfombras y muebles caros. Estaba en un cuartucho sucio, con paredes de baldosas ennegrecidas como si algo hubiera ardido allí. La habitación estaba iluminada solamente por una asquerosa luz de emergencia encima de una puerta metálica, emitiendo ese zumbido electrostático tan molesto de algunas lámparas. Julia estaba sentada sobre una camilla metálica, y lo que ella creyó que era la suave y confortable sábana de su cama, no era más que una bolsa de las que se usan para guardar los cadáveres. A su derecha, donde debía estar su marido, Richard, sólo había otra camilla exactamente igual, solo que encima había otra bolsa, pero esta estaba cerrada y parecía que contenía algo dentro.
- A ver… Julia – tragó – tranquilízate, esto es solo una pesadilla. ¡Si! Seguro que es eso. Esta noche cené muy pesado y ahora estoy teniendo una pesadilla, no es mas que eso…
Julia detuvo su reflexión cuando comenzó a escuchar al otro lado del portó metálico el llanto de un bebé.
- ¡Buaaaaaaaaa!¡Buaaaaaa!
Julia intentó bajar de la camilla metálica y entonces se percató que no se notaba tan mojada por todo el cuerpo porque estuviera sudando, si no porque la bolsa en su interior estaba llena de un líquido rojizo muy pálido que olía a podrido y además era muy pegajoso. Julia no pudo más y cayó al suelo, vomitando.
- ¡Joder! ¡Que asco! Espero que esto acabe pronto…
Se incorporó como pudo ya que el suelo mojado hacía que se resbalara, estaba descalza. Se miró y vio que no llevaba puesto su pijama, en su lugar tenía puesto la típica ropa verde de los pacientes de un hospital. Era muy incómoda y le apretaba su hinchado vientre.
- ¿Cómo estar Howard? Mi pequeño… – Julia se acarició la barriga mientras su expresión por un instante pasó del terror a la ternura.
- ¡Buaaaaaa! ¡Buaaaaa!
El bebe… Julia no se había percatado que en todo ese rato el bebé no había parado de llorar. Comenzó a acercarse a la puerta metálica sigilosamente, intentó abrirla pero estaba cerrada con llave. Comenzó entonces a golpearla con el puño, pero esta parecía muy solida.
Entonces escuchó un ruido seco y pesado detrás suya. Julia se quedó paralizada.
- ¿Quién está ahí? ¿De verdad estaba sola en la habitación?- pensó sin siquiera girarse.
Hizo de tripas corazón y se giró. No, allí no había nadie, pero con la poca luz que desprendía la lámpara de la puerta pudo fijarse en que el bulto de la otra camilla metálica estaba ahora en el suelo.
- ¿Hay alguien ahí? – preguntó Julia.
- …
- Pero que estúpida soy… esto es solo una pesadilla tonta, se te olvida – se tranquilizó Julia.
- Pero… ¿y si hay alguien en esa bolsa?… ¡Richard!
Julia corrió hasta la bolsa de plástico. Posó las dos manos sobre esta y la empujó para darle la vuelta… parecía como si estuviera girado una bolsa de trozos de carne ensangrentada… la bolsa estaba húmeda y no parecía que hubiera uniformidad en su interior… Al voltearse Julia se apartó asustada… No estaba segura si quería abrir aquello…
- ¡Buaaaaaaa! ¡Buaaaaaa!
Dios… encima el bebé parecía que aumentaba la fuerza de los berridos… ¿No había nadie allí que atendiera a aquella criatura? Julia, desesperada se agachó sobre el bulto y comenzó a desabrochar la cremallera que lo cerraba… Un sonido desagradable emanaba de la bolsa con cada enganche que se soltaba al desabrochar la cremallera… como cuando abren el estómago de un cerdo… Un olor a podrido comenzó a surgir de la bolsa, tan desagradable que Julia se tuvo que tapar la nariz, aunque esto no evitó que volviera a vomitar…
- ¡Cof!¡Cof! Esto es horroroso… no pienso cenar nunca más…
Julia terminó de desgarrar el estómago del cerdo, y la bolsa quedó abierta… en su interior sólo había el mismo líquido desagradable que había en la suya… sin embargo parecía haber algo… un objeto dentro que sobresalía… Julia mirando hacia otro lado, acercó la mano y lo agarró. Era una llave, con una etiqueta colgando de ella…
- ¿Depósito? ¿Qué se supone que es esto, un depósito de cadáveres o que?… ¿qué original?
Entonces, Julia lo notó… un fuerte pinchazo en el abdomen…
- ¡Ugh!
El sudo recorría su frente y entonces el llanto del niño fue ahogándose cada vez mas… literalmente. El bebe parecía que se ahogase, como si estuviera siendo sumergido en algún líquido ya que el llanto comenzó a sonar más apagado y de forma entrecortada. Julia asustada, recordó lo que estaba haciendo, se levantó como pudo, con una mano agarrándose el vientre y con la otra la llave del depósito. Fue hasta la puerta lo más rápido que pudo… esta vez sí empapada en sudor. Abrió y contempló un lugar que le era conocido…
- ¿Qué es esto? Se parece a la sala de autopsias del trabajo…
Pero Julia no pudo pararse a fijarse en los detalles de la sala, llena de mesas metálicas oxidadas con instrumental completamente empapado en sangre, las paredes mohosas, unas bombillas peladas parpadeaban en el techo… y unas incubadoras. Esto fue lo que hizo que Julia quedase en estado de shock. En el sitio donde debían de estar las mesas donde se realizaban las autopsias, en su lugar había dos incubadoras. Una de ellas rota, pero la otra tenía un tubo que parecía de plástico que la conectaba con el techo, por donde parecía que bajaba un líquido negro muy espeso, que ya había llenado por completo la incubadora. Esta parecía tener dos tubos a los lados como si bombearan algo en su interior… Lo chillidos del niño ya no se escuchaban.
Julia desesperada tomó lo primero que tenía al alcance de su mano, y golpeó uno de los tubos laterales rajándolo y manando de él un líquido que parecía alquitrán, tras un rato el líquido negro empezó a tomar tonalidades rojizas, y entonces, los otros tubos laterales se hincharon y reventaron haciendo que comenzara a manar de ellos ese líquido rojo… sangre…
Entonces Julia miró su mano y vio que lo que sujetaba era un cuchillo de cocina enorme, los ojos se le abrieron como platos y de repente otro pinchazo en el abdomen… mucho más doloroso que el anterior y comenzó a sentir como una sustancia pegajosa comenzaba a recorrerle la pierna hasta el suelo.
- ¡Ugh! – Julia se inclinó sujetándose el vientre.
- ¡Si, por favor! ¡Ya llega, ya viene! ¡Richard, he roto aguas! ¡Despiértame por dios! ¡Sácame de este infierno! ¡Llévame al hospital!
Julia cayó al suelo casi sin fuerzas y cerró los ojos tratando de tranquilizarse. Fue entonces cuando la puerta al otro extremo de la sala se abrió de repente, con tal fuerza que chocó contra la pared y rebotó. Julia abrió los ojos y miró con la vista nublada hacia allí. Había una figura de pié.
- Venga Julia, vamos, has roto aguas, vayamos a la sala de partos.
- ¡¿Richard?! O dios, rápido sácame de aquí.
- Claro cariño… vamos…
Julia notó algo extraña la voz de su marido, y entonces fue cuando este se acercó y pudo verle más claramente, cuando Julia comenzó a chillar y a arrastrase por el suelo, ya que el dolor no le permitía moverse… Aquel no era Richard, no sabía quién era, pero tenía su misma voz. Llevaba ropa de cirujano, unos guantes ensangrentados, la cara cubierta con una mascarilla y lo que parecía una correa. Julia no pudo hacer nada, el cirujano se acercó y sin mucho esfuerzo rodeó su cuello con la correa y la apretó tanto que a Julia le costaba respirar, aferraba la correa tratando de dejar hueco suficiente para que el aire llegara a sus pulmones mientras aquel hombre tiraba de ella arrastrándola por el suelo, empapándola en el líquido negro hasta atravesar la puerta del fondo.
- ¡Nooo! ¡Noooo! – susurró Julia, ya que la correa y sus pocas fuerzas no le dejaban gritar.
Habían entrado en una habitación con una camilla oxidada preparada en lo que parecía ser una sala de partos. El cirujano levantó con facilidad a Julia del suelo y tirándola sobre la camilla sin ninguna consideración, la ató de muñecas y pies, dejándola con las piernas separadas. Julia lloraba impotente…
- ¡Noo!… Déjeme… déjenos, hágame lo que quiera, pero deje a mi bebé, por favor…
- No se preocupes señora Julia… – intentó tranquilizarla el cirujano sin éxito – todo saldrá bien… Sin embargo…
El cirujano se dirigió a una zona de la habitación que no estaba iluminada por las luces de la lampara sobre la camilla.
- Creo que tendremos que realizarle una cesárea… o el niño morirá.
Entonces el cirujano volvió y en sus manos portaba unas tijeras para podar setos. Julia abrió los ojos con un terror indescriptible, no podía hacer nada, estaba impotente en la camilla, mareada por la falta de oxígeno.
- Comencemos la operación.
Al decir esto, el cirujano cerró las tijeras, flexionó los brazos para tomar fuerza y las dirigió con toda la violencia y fuerza que pudo contra el vientre de Julia…
- ¡Nooooooooo………… ! – gritó Julia con su último aliento.
Pero una luz blanca le hizo entrecerrar los ojos, ya que le molestaba la vista después de tanta oscuridad… su grito se transformó en un susurro absorbido por un respirador que tenía colocado en la boca… Y todo el silencio fue roto por un pitido constante… pip… pip… pip… pip…
- Parece que ya está estable Richard.
Julia escuchó una voz a su izquierda, parecía un hombre mayor, y pudo vislumbrar entre la claridad una bata blanca con una etiqueta, “Doctor Harry Cruch, Ginecología”
- Gracias… muchísimas gracias… Harry. ¿Cariño, puedes oirme?
Julia, miró hacia su derecha donde escuchó la voz de su marido, nunca le había parecido tan dulce como en aquel momento y una lágrima comenzó a resbalar por su cara. Levantó la mano, le costó tanto que parecía que pesara una tonelada y notó la mano cálida y suave de Richard.
- Los dejo solos… – dijo la voz del doctor.
Harry salió de la habitación cerrando la puerta tras de sí. Se dirigió al mostrador de información de la planta y dejó allí una carpeta con el nombre de Julia M. Ray. Se quitó las gafas para limpiárselas y comentó a la muchacha que había allí.
- Pobre mujer…
- ¿Qué ocurrió doctor? ¿Quién es esa chica? – le preguntó la enfermera tras el mostrardor.
- Es Julia, la mujer de mi hermano – una lágrima resbaló por la cara arrugada del doctor – a eso de las 3 de la madrugada llegó mi hermano con ella en sus brazos, inconsciente. Sangraba mucho y se la llevó a quirófano. No se pudo hacer nada, esperaban un bebé… hubiera nacido el mes que viene… si no fuera porque…
- … abortó en la camilla de operaciones… ¿verdad? – afirmo la enfermera.
De repente en el silencio que se creó entre el doctor y la enfermera, se escuchó proveniente de la habitación de Julia un grito y un llanto tan desgarrador y desesperanzador que hubiera echo llorar hasta al más duro. Harry le entregó la carpeta a la enfermera y con el corazón encogido siguió con su ronda noctura…
… Un hijo que es esperado y deseado en una familia, es como una bendición del cielo para ella, la llena de ruidos, llantos, risas, amor, cosas que una madre entiende y sienten más que nadie en el mundo. Pero cuando un hijo que es esperado y deseado, no llega, se pierde en ese camino que hay entre la muerte y la vida, una madre sufre más que nadie en el mundo. Sufre al sentir la impotencia de haber cuidado de su bebé, de haberle mimado y protegido para que pronto esté con ella, pero de repente, y sin motivo alguno, este se va… muere antes de haber empezado a vivir siquiera. El shock que le produce a una madre la pérdida de su bebé, puede ser fatal y mellar la cordura de esta. Esta es la historia de una de ellas, la historia de una madre que tras ver con impotencia y desesperación cómo su hijo se va estando tan cerca cae en la desesperación… Claro está, es solo una historia, pero, ¿quien nos dice que una madre no sufre penurias peores al sentir que pierde a su bebe?
Febrero 22, 2009 a 5:47 pm
Una frase larga para una descripción rápida corta tanto el ritmo como contar un chiste en un funeral, y aqui te ha pasado. Tu no quieres saber de que color son los ojos del cirujano. Quieres saber que va a pasar. Y si en un relato, un parrafo es muy aburrio, te lo saltas y punto. Aqui ha pasado.
Fueraparte, los nombres americanos también te hacen fallar. Son nombres muy “de película”. Y a un personaje de película se espera que tenga reacciones “De película”, mientras que estos son simples mortales.
Un buen nombre dice mucho, y casi te encasilla un personaje. Lo quieras o no, cuando lees “David” para un personaje, se te empieza a dibujar en la cabeza un chaval con el pelo claro, asi joven, un ecebo… Muy parecida a la iagen biblica de David, el enemigo de Goliath. Cuando lees “John” la imagen es mas bien a un muchacho de pelo oscuro. un tio algo más fuerte, más caucásico. Mary, o Maria, o Madre.
No intentes unir Acción y Lírica en una misma escena. Es como querer servir un plato caliente y frio a la vez: No puede ser. Puedes servir el primer plato caliente, y el postre frio, pero no puedes echarle helado a las lentejas; si no, solo te dirian que esta bien por cumplir.